Asturias es lo que tiene, que es tan abrumada que ni el mar la calma. Por eso, levantar un pueblo en estas tierras ya tiene su mérito. ¡Pero es que encima son hermosos!. Los que adolecen de la playa desierta lo calman con bosque, río y clorofila. Los que no conocen montaña, se adecentan con un puerto colorido y bares de pescadores.

Desde CasaToc viajamos a los pueblos más bonitos de Asturias.

 

1. Ribadesella

En Ribadesella todo es historia, tranquilidad y herencia de un enclave privilegiado, justo en los últimos coletazos de un tío antes de llegar al mar. Siguiendo un orden cronológico, su exhibición comienza con las espectaculares cuevas de Tito Bustillo, sin lugar a duda las que mejor preparadas están de cara al visitante, convirtiéndose en un parque temático del arte rupestre. Le sigue su monumental centro histórico con palacetes de todos los estilos. Y para rematar, las mansiones del siglo XIX y XX que se asoman al mar en los confines de la playa de Santa Marina.

Ribadesella

Ribadesella

 

2. Cudillero

Cudillero es un pueblo que parece estar en un embudo inverosímil donde las casas no tienen ningún vértigo. Todo lo contrario, lucen sus mejores fachadas de colores, hoy por hoy, el auténtico reclamo del pueblo junto a las terrazas que se amontonan en el puerto. Pero Cudillero no solo se luce por el sol y el pateo, también tiene un patrimonio que supera la etiqueta de «también ver» y se convierte en un paso obligatorio con edificios como la capilla del Humilladero, la casa rectorial o la hiperartística Quinta de Selgas (situada en la pedanía de El Pito) un palacio-museo con cuadros de «El Greco» o del mismísimo Goya.

cudillero

Cudillero

 

3. Cangas de Onís

Para los amantes del ciclismo, Cangas de Onís siempre fue ese pueblo pintoresco que se veía 20 segundos por televisión antes de la espectacular ascensión a los Lagos de Covadonga. En esa especie de tráiler, lo que brillaba era el magnifico puente romano con la mítica Cruz de la Victoria colgando de sus brazos. Pero hay mucho más en esta villa de la Asturias profunda. Como por ejemplo, la ermita de la Santa Cruz, uno de los templos más antiguos de toda España situado sobre un lugar con mucho recorrido. En su interior guarda un dolmen prehistórico, muestra de que Cangas de Onís siempre fue un enclave muy especial. Callejear por sus calles también depara otras sorpresas agradables como la animada plaza del mercado o el palacio Pintu.

Cangas de Onís

Cangas de Onís,

 

4. Llanes

Llanes es un pueblo hecho para entretener al personal y dejar un óptimo sabor de boca. No le basta con tener playas tan variopintas como la monumental Cuevas del mar o la insólita Gulpiyuri. Es que además tiene un casco histórico muy entretenido donde se fusiona el pasado medieval con el ADN marinero de cada uno de sus rincones. El puerto tiene su importancia, pero no solo por el ajetreo constante de la mercancía y el buen pescado, sino por la pintoresca estampa de los cubos de la memoria de Ibarrola. Y por si eso fuera poco, Llanes deslumbra con sus infinitos paseos, muchos de ellos temáticos como el Camín Encantáu donde los pequeños de la casa lo gozan entre esculturas y mitología asturiana o como Llanes de Cine, un itinerario por este gran plató de cine donde se rodaron filmes como El abuelo o El orfanato.

Llanes

Llanes

 

5. Tazones

Tazones, apenas es una pequeña aldea, una parroquia de no  más de 250 habitantes, pero su tamaño no importa. En apenas unas calles divididas en dos barrios (San Miguel y San Roque) aglutina un potencial tan grande que ambas áreas son conjunto histórico artístico. Si se obvia el encanto salvaje de un mar muy bravo por estos lares, se encuentra la hermosa iglesia parroquial y la curiosa casa de las conchas. Pero si se cede ante el canto de las sirenas, lo que el visitante encuentra es un faro con solera y una playa con huellas de dinosaurios.

Tazones

Tazones

 

6. Lastres

Estamos ante otro de esos núcleos urbanos construidos burlando las leyes de la física. Alrededor de una coqueta playa y de un apañado puerto crecen unas empinadas y endiabladas calles repletas de casas con encanto. Ganó mucha popularidad con los paseos accidentados del Doctor Mateo ya que entre las estrechas callejuelas siempre asomaban vistas impresionantes. Ese aire bonachón de la ficción no es pura casualidad, Lastres no está hecha para las prisas y ahí está el verdadero encanto.

lastres

Lastres

 

7. Taramundi

Nos adentramos en un diminuto poblado con mucho encanto hecho de pizarra y recuperado hace 28 años. Alrededor no gobierna el mar sino una naturaleza que desbordaba con su belleza y su salvaje presencia. Una lograda maqueta de la Asturias de hace siete siglos con molino, un hórreo y su hotel, el primer hotel rural de España. No dejes de visitar el museo de Mazonovo, un espacio muy divertido y de gran fotogenia por esa mezcla de madera, río y árboles de ensueño.

taramundi

Taramundi

 

8. Covadonga

Perdonen la licencia, Covadonga no es un pueblo en sí, pero tiene que estar en la lista. Es una parroquia levantada en uno de los enclaves históricos más relevantes de la historia de España. Allí donde don Pelayo resistió y dio comienzo a la Reconquista. Apenas cuenta con algunas construcciones civiles que viven a la sombra y respetan las directrices estilísticas del conjunto monumental de Covadonga formado por ermita, basílica y colegiata. Pero tiene mucho más, empezando por un entorno natural épico en pleno parque nacional de los Picos de Europa y terminando por los famosos lagos Enoi y Ercina.

Covadonga

Covadonga

 

9. Tapia de Casariego

Otra vez los ingredientes infalibles de la Asturias costera: olas escultoras, puerto pintoresco y orografía caprichosa. Y Tapia de Casariego combina este trío apostando sobre todo por dotar de belleza y urbanismo a una línea de costa muy enrevesada. TIene lso vestigios señoriales de un pueblo plagado de nobles y ricachones, lo que se traduce en mansiones y palacios muy destacables como el de Cancio o el de Campos. Ah, y su iglesia neogótica también pone de su parte. Pero lo que le aporta más puntos al ranking es la isla de tapia y el juego de brazos y puentes que la comunican con tierra firme y que, además de darle un puntito épico, aporta unas vistazas de todo el pueblo.

Tapia de Casariego

Tapia de Casariego

 

10. Luarca

En Luarca reina el blanco por encima de todo, es la contraposición monocromática a la psicodelia de otros puertos más coloridos. Con edificios que parecen regatear a un juguetón río negro que se retuerce hasta su desembocadura. Callejeando se llega a lugares tan hermosos como la Casa Guatemala, el Cambaral o el palacio de los Marqueses de Ferrera, sin olvidarse del curioso museo del aula del mar, donde se expone la mayor colección de calamares gigantes del planeta. Pero, por supuesto, lo mejor es dejar caer el día por los rincones de la Pescadería, uno de los barrios marineros más típicos de esta región.

luarca

Luarca

 

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