A Murcia le precede la fama de que solo es ciudad y playa. Como mucho, algunos campos de golf y urbanizaciones pomposas. Y lo demás, un vasto territorio poblado de muchas, muchísimas huertas. Sin embargo, al lado de estos oasis, entre los valles y las carreteras se hayan pueblos que han resistido a la golosa edificación costera y a la industrialización. Son pueblos fortificados, levantados con gracia mediterránea, capaces de colorear un paisaje que a veces se atraganta por lo yermo que es.

Desde CasaToc viajamos a los pueblos más bonitos de Murcia.

 

1. Cabo de Palos

Cabo de Palos no es solo un accidente geográfico, también es un pueblo costero de manual donde las barcas colorean el paisaje al son del mecer de las olas. O sea, todo tan idílico como marino. Hasta el agua pone de su parte con su temperatura tropical y su color transparente. De hecho, es una de las mecas del submarinismo en toda la Península. Pero volviendo a ras del suelo, merece la pena subir al faro como si se llegara al fin del mundo y deambular por el puerto buscando una buena tasca donde disfrutar de su famoso caldero del mar Menor. Una forma suculenta de degustar un paisaje tan embaucador.

Cabo de Palos

Cabo de Palos

 

2. Caravaca de la Cruz

Todo por una reliquia sí, pero qué reliquia. El marketing cristiano colocó esta localidad siempre fronteriza en el mapa de las ciudades santas gracias a su famosisíma cruz que, según cuenta la leyenda, fue traída por dos ángeles desde Jerusalén. Al margen de juzgar la fe, lo que sí que es cierto es que este hecho hace de Caravaca de la Cruz una localidad muy atractiva. Comenzando, cómo no, por la famosa basílica barroca situada en lo más alto y cobijada por el alcázar taifal. El resto del pueblo mama la esencia cristiana de su gran atractivo pero también los estilos Barroco y Renacimiento, haciendo que en cada esquina crezca un edificio de gran valor. Si encima este paseo se vive con fe, el resultado es un éxtasis a lo Santa Teresa. Y si no, se goza por el puro amor al arte.

Caravaca de la Cruz

Caravaca de la Cruz

 

3. Puerto Lumbreras

La evolución del Puerto de Lumbreras en las últimas décadas se puede tachar de ejemplar. Cansada de establecerse como un cruce de caminos muy goloso para los polígonos industriales, de un tiempo a esta parte ha maquillado su numeroso patrimonio dejando de ser Betty la fea. Las miradas son copadas por el cerro del Castellar, donde descansa el castillo de Nogalte y sus grandes muros casi milenarios. En sus laderas se encuentran las casas cuevas, unas antiguas viviendas hoy visitables en el corazón del cerro. Al margen de este puntito voyeur que tiene el meterse en casa ajena, tienen la gracia de estar tematizadas y preparadas para el turismo, lo que se agradece. El resto del pueblo ya no da la espalda a su cerro y ofrece una ruya muy religiosa ligando los puntos candentes de su Semana Santa y de la potente imaginería murciana.

Puerto Lumbreras

Puerto Lumbreras

 

4. Jumilla

Jumilla es Conquista, Reconquista y vino. Su tumultuosa y multiculural historia explica el por qué de ese castillo tan rudo, tan intimidador y tan bien conservado. Asistió a guerras entre religiones y entre coronas con éxito y por eso se merece ser una villa poderosa que no solo tienen una fortaleza. Bajando de ela se pasa por puertas alegres como la de Granada, plazas hermosas como la de Arriba y por monumentos como la Iglesia de Santiago, el convento de Santa Ana o la Torre del Rico. Dicho eso, lo más placentero de este lugar es disfutar de su ruta enológica.

Jumilla

Jumilla

 

5. Calasparra

Aunque este pueblo se dio desde hace siglos al arroz, también tuvo tiempo para dejar constancia del buen gusto y del predominio de los estilos renacentista y barroco por estas tierras. Pero primero fue ese castillo en lo alto, hoy en ruinas. El pueblo se ordena como puede, dejando también espacio para otros monumentos religiosos (Iglesia de San Pedro) y civiles como El Molinico o la Torre del Reloj. Hay que salirse del núcleo urbano para llegar a su máximo atractivo, el santuario de la virgen de la Esperanza, una especie de Petra a lo murciano, consecuencia de haber excavado en la roca más y más estancias destinadas al culto.

 Calasparra

Calasparra

 

6. Aledo

Aledo se levanta en una se esas costillas finas que sobresalen de la tierra. En un cerro estrecho en el que cabe de todo aunque no lo parezca. En sus vistas desde afuera las miradas se centran en las torres de su antiguo castillo. Una vez dentro, se pasea entre lso restos en piedra de la fortaleza y las alegres casas de ladrillo hasta llegar hasta la fachada de su iglesia de Santa María. Y entre medias, cualquier descanso sirve para dejarse apoyar en un banco al borde del abismo y disfrutar de las vistas sobre la sierra de España.

 Aledo

Aledo

 

7. Yecla

En los confines de Murcia y Castilla se levanta este pueblo señorial, mandamás y soberano de una tierra de vino, olivo y cereal. Yecla es una de esas minicapitales de España, uno de esos municipios chulescos por su belleza y su potencial económico. Lo mejor de cada época se conserva par ala vista en esta localidad que tiene desde una pedazo de Plaza Mayor llena de palacios y monumentos renacentistas y barrocos, un castillo en los huesos, una basílica neoclásica y hasta un teatro decimonónico.

Yecla

Yecla

 

8. Cehegín

Cehegín es otro de esos casos de pueblo situado en cerro estratégico con su correspondiente consecuencia: skyline ndulado, casas que asoman de repende e iglesia coronando estas terrazas (en concreto la de la Magdalena). El vértigo que generan el empinado trazado de sus calles se supera encontrando casas anónimas pintadas de azul y de otros colores descontextualizados. Por el camino aparecen vestigios de lo que un día fue una muralla y algún que otro palacio ricachón como la casa Jaspe, el palacio de la Tercia o el de las Fajardo. Y sí, aquí también hubo un castillo, pero solo queda una plaza porticada con soportales para la solana.

Cehegín

Cehegín

 

9. Mazarrón

Mazarrón lleva siendo mucho tiempo un tiempo pesquero. Lo fue ya en época fenicia, algo que se demostró hace un par de décadas cuando se descubrieron el par de barcos más antiguos del Mediterráneo. Este hecho solo ilustra el hecho irrefutable de que en antaño ya sabían lo que se hacían. Con la modernidad llegó la urbanización al lugar, levantando iglesias espectaculares como las iglesia de San Andrés y castillos hoy en ruinas, como el de los Vélez. La vida pesquera actual también dota a Mazarrón son playas y playas eternas que regalan algunas formaciones geológicas sorprendentes como las erosiones de Bolnuevo.

Mazarrón

Mazarrón

 

10. Moratalla

En Moratalla parece que huyen del llano verde y la huerta, como si lo temieran o simplemente lo respetaran como a una deidad. Por eso este pueblo decidió subirse al monte, edificar un casitllo en el que defenderse y dejar al libre albedrío la construcción del resto de casas. ¿La consecuencia? Calles ratoneras, hermosas, empinadísimas. Escaleras que suben flanqueadas por casas de colores y que a veces obligan a hacer paradas en iglesias como la de San Francisco o la de la Asunción. Todo muy moro contra cristianos, muy medieval a lo ibérico, muy satisfactorio y original.

Moratalla

Moratalla

 

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